miércoles, 9 de enero de 2013
LEY DE TALLES
Siete de cada diez mujeres no encuentra ropa de su talle y sólo el 5 por ciento tiene el cuerpo ideal que propone la moda. No existe una ley de talles a nivel nacional y las locales no se cumplen. La exigencia del 90-60-90 provoca trastornos de alimentación, depresión y aislamiento, pero sobre todo un enorme dolor en las adolescentes que tratan de encajar como sea en las curvas deseadas. Una crónica íntima de cómo se vive en un cuerpo distinto y cómo intentar –entre todas– modificar los moldes en los que queremos entrar.
La ropa de los maniquíes podría multiplicarse en mi cuerpo. El vestido a rayas debería marcar la cintura. El short para ponerse cómoda en una tarde de playa. La musculosa para jugar con los brazos libres. Y la blusa a flores con escote que ahora llaman hippie chic. Pero no. La blusa a flores sostiene bien el escote pero después deja la panza tan marcada que nos darían el asiento en el colectivo –y los embarazos por devoción a los postres son más bien ofensivos– y la pollerita de jean estalla en el ombligo como una sartén de pochoclos. Todo lo contrario a la geografía lisa que nos habíamos imaginado. Con cierto dolor –y más esfuerzo por no hacer saltar ningún botón– también la arrastramos del cuerpo hacia la silla de vestuario fusilado. Intentamos mantener en nuestra cabeza la idea de que no sólo crecimos de tamaño corporal sino también de edad y, con la edad, de corporalidad. Pero la ropa caída en la batalla logra pegarnos en la autoestima. Las ganas de seguir probando –esas ganas que apenas unos años atrás sólo se veía interrumpida por el coto del monto de la tarjeta de crédito o del efectivo para llegar a fin de mes– ahora se dilapida en la poca fe de que alguna prenda se deje asentar con dignidad. ¿Pasará, pasará y el último quedará? La musculosa se prueba porque es el último large de los xxx large, casi una obscenidad de los tiempos modernos, un porno de carne que desconoce el mandato de piel y hueso. No es un orgullo. Tampoco debería serlo. Pero estaría bueno –lo escribo y me lo digo– no enojarme con la extensión de mi geografía muscular. No esconderme del mundo. No sentir vergüenza. No imponerme menos deseable. No desearme menos a mí misma.
La verdad es que sucede. Igual que aumentar unos kilos en el embarazo o mientras la lactancia nos deja dar la teta y mirar al techo (o a unas medialunas) o si en la corrida entre ser madre y laburante no tenemos tiempo para ser gimnastas o si entre una manzana y un alfajor volvemos a pecar, pero no como Eva, y rechazamos la manzana.
Por muchas razones el cuerpo se acomoda fuera de los estándares de las vidrieras. A veces las vidrieras son las que se tendrían que acomodar. A veces nosotras también. No es una apología del sobrepeso. Pero sí un intento de aminorar que al peso se le sume el dolor de apagarse sin ningún color, de vestirse sin ninguna flor, de caminar sólo con lo que hay y sin ninguna elección.
Al fin y al cabo, la musculosa violeta queda. Los brazos se ven potentes a la vista y la panza chata como un viejo idilio de juventud. Pero, al menos, se puede llevar sin renunciar al color. El color, ese aliado de la vida, para contrastar la palidez del rostro y de las penas. Ese escudo artificial pero tan simbólico para marcar de qué lado del arco iris queremos estar. El escudo lo necesitaríamos para el efecto prueba de shorcito. No hay más talles. Y los agujeros no pasan las rodillas. ¿Quiénes somos? ¿Quiénes fuimos? ¿Quiénes son las otras? ¿Quiénes deberíamos ser para que nos entre esa tela que, a duras penas, funcionaría como medias? No llegamos ni a lamentarnos por las estrías que tenemos desde los once años cuando nos desarrollamos precozmente y fuimos al doctor como si tuviéramos fiebre y nos explicó que esas rayitas no eran líneas de un termómetro corporal que se iban a ir, sino que se quedarían con nosotras –y en nuestros muslos– para siempre. Ni siquiera nos preocupa –eso es lo bueno de perder la delgadez, se acomoda el orden de prioridades– la celulitis. Tal vez porque no la llegamos a ver. Tal vez porque todo el esfuerzo que hacemos en cinta, caminatas, electrodos, vendas frías, todo eso que hacemos y que sólo nosotras sabemos (mientras los demás se imaginan que nos importan un rabanito los centímetros de más) no nos quitan centímetros, pero sí tiempo, esfuerzo, plata, convicción y, tal vez, sólo tal vez, al menos nos dejen –casi como una limosna por buenas intenciones– un poco de turgencia.
Pero la firmeza está en un cuerpo demasiado extenso para disfrutar de un shorcito en vacaciones. Así que el shorcito y las ilusiones de las olas y el viento (al menos con un shorcito nuevo) sin el antiguo pareo tapa-todo y sin quedar al descubierto quedan en el banquito que acumula la ropa que no va y la bancarrota corpo-emocional.
–¿Cómo va? –pregunta la vendedora.
–Bien. ¿O querés que te cuente? –pienso en contestarle. Pero me da piedad que está hace horas entregando ropa en un shopping center y que entre ella y yo no hay nada personal. Por eso, sólo esbozo que no me van muy bien los talles y si quiere que le vaya pasando la ropa (toda la ropa) que no va. Que no me va. Le entrego las prendas por un resquicio de aire de la puerta y siento su mirada de queja.
–¿El vestido te lo vas a probar?
–Bueno, me lo pruebo –me animo con mi última apuesta al azar o a la valentía.
Pero la magia se termina cuando las rayas rompen con la regla física que decía que las paralelas no se tocan y empiezan a desmoldar la geometría con mis propias curvas. Me arrepiento de haber probado la última ficha y huyo. Antes los probadores eran un lugar de ilusiones. Ahora se convirtieron en una guerra conmigo misma.
Si la ropa es una misión difícil..., ¿qué decir de las mallas? Hay algo que, sin embargo, les reconozco. Todo queda expuesto. No hay dobles discursos. Somos así. Es lo que hay. Y al que no le gusta, se jode. Me envalentono como si fueran cantitos de cancha para salir a la pileta con un dos piezas y toda la dignidad a la vista.
–¿Vos sos del estilo de las brasileñas, no? –me dice con una sonrisa cómplice mi psicólogo.
Yo me río de la complicidad. Nunca, ni un paso atrás. No renunciaría a chapotear con mis hijos, a revolcarme en el mar, a sentir la textura dulce del río porque de los cuentos de sirena conservo las curvas pero le agregué varias más. Me río. Pero después le digo:
–Sí, pero sufro.
Es más sencillo tener ideas políticas y diferenciarse del oponente que tener ideas sobre el propio cuerpo y llevarlas sin dudas. Una misma es la ideología en juego. Tal vez por eso ya no sea el talón sino la cintura, la panza, la cadera de Aquiles de la independencia femenina. Y por algo se apunte tan fuertemente –y con una hegemonía cultural casi sin matices– hacia un modelo de mujer única. El cuerpo, en definitiva, es el eslabón vulnerable de las mujeres modernas. Modernas pero con el mandato de ser tan frágiles como su cintura.
El calor impone tener que mostrarse y el mercado esconde no tener con qué taparse. El verano llega, la malla, las remeras, los shorts, las musculosas y las polleras dejan mucho más en evidencia la falta de posibilidades para las mujeres reales (el 95 por ciento no entra en los moldes de la estética dominante según la ONG AnyBody Argentina) que no encajan en un maniquí o no son tapa de revistas sino mujeres reales que quieren ir a la playa o a la pileta y no zambullirse en un mar de vergüenzas.
95% fuera del molde
“Hay un mundo de sensaciones que, como remolino, me conducen casi a la locura cuando llega el verano y tengo que mostrar mi cuerpo. Niego, me frustro, insisto en que no me importa. Pero, fundamentalmente, no me veo. No me veo tal cual soy para poder mejorarme con conciencia. No utilizo mis recursos y me veo reflejada en imposibles que me devuelven esclavitud a la fantasía de turno”, dice Gabriela Notti, fundadora de Belleza viva, un centro con el concepto de una sana belleza. Y acentúa: “La propuesta es ver quién soy, capitalizarme, aprender a querer lo que va a ser el puntapié para mi carrera por ser cada vez más linda, más segura y, sobre todo, única y para romper los moldes que no son míos y comenzar a crear mi escultura”.
Sharon Haywood es la fundadora y directora de la ONG AnyBody Argentina (que forma parte del movimiento global EndangeredBodies.org) y coeditora de AdiosBarbie.com. Ella cuenta sobre sus iniciativas tanto de felicitar a las marcas que tienen talles amplios con una etiqueta en sus locales como la de sacar a las mujeres de un modelo único justo cuando en las revistas y la televisión aparecen cuerpos clonados por la cirugía y las dietas. “Queremos mostrar, mediante la utilización de nuestra instalación, el Modelómetro, que el talle único no es el único talle: las mujeres argentinas vienen en moldes diversos. Con el Modelómetro comparamos las medidas de una modelo típica (que sólo el 5 por ciento de las mujeres tiene) con los cuerpos reales de las mujeres en Argentina. En muchos casos, el efecto es impactante. Rompemos el molde del estereotipo de 90-60-90 y así independizamos nuestros cuerpos.”
No hay vacaciones para la Ley de Talles
La propuesta existe. Pero no termina de aprobarse. La Ley de Talles rige en algunas localidades (donde tampoco se cumple) pero no está aprobada a nivel nacional. Y justo cuando el Congreso Nacional duerme la siesta y muchos diputados o senadores no tienen problema en mostrar sus panzas en la playa, las mujeres, en cambio, son observadas con lupa por tener demasiada cola, no tener pechos, tener celulitis o no tener cintura. En definitiva, si la intimidad es política, nada más íntimo que probarse una malla y sentir que es preferible cruzar un desierto sin agua que asomarse al mar en una bikini que deja afuera la cola, la panza y las lolas y nos hace añorar las fotos de la época de nuestras abuelas en que –ahora pensamos– esas mallas enteras y tan pudorosas nos quitarían tanta presión de la sobreexposición.
A nivel nacional no hay legislación vigente. En el 2009 una ley nacional logró media sanción en Diputados, aunque perdió estado parlamentario en el Senado. Actualmente, estamos en cero. “Pero, en la provincia de Buenos Aires, que tiene la ley más antigua, aprobada en 2001 y reglamentada en 2005, el 75 por ciento de las marcas no la respeta.
En general, las adolescentes son quienes más discriminadas se sienten en los shoppings. También se promulgó, en 2009, la Ley de Talles de la Ciudad de Buenos Aires, que es muy completa porque incluye todos los talles, del 36 al 50, tanto de mujeres como de varones, y para todas las edades. Desgraciadamente la reglamentación desvirtúa el espíritu de la ley, por lo cual se está pidiendo su inconstitucionalidad. ¿Cuál es la situación en el resto del país? “Santa Fe, Mendoza, Entre Ríos, Santa Cruz y la ciudad de Córdoba ya tienen su propia ley”, describe el monitoreo de Mujeres en Igualdad.
Ni en la Cámara de Senadores ni en la de Diputados es una prioridad la aprobación de la ley de talles. Pero sí es una prioridad para organizaciones como AnyBody y Mujeres en Igualdad. “Es una discriminación que produce trastornos alimentarios y puede llevar a la anorexia y la bulimia; que atenta contra un derecho básico: a vestirse. Existen marcas reconocidas en el país que incumplen con la ley, que han presentado recursos de amparo, pero que en Europa lanzan campañas contra la anorexia y la bulimia, organizan desfiles con modelos de dimensiones grandes y ponen a disposición de su clientela una amplia variedad de talles”, dispara contra la diferencia Monique Altschul, de Mujeres en Igualdad.
Mientras que Haywood remarca: “Desde julio de 2012, AnyBody Argentina está sumando firmas a una carta abierta para mandar al gobierno argentino pidiendo la creación e implementación de una ley de talles nacional, inclusiva y coherente. El objetivo es garantizar que todas las mujeres de cuerpos promedios (o sea entre los talles 38-52) puedan acceder a ropa de moda sin vergüenza, rechazo o discriminación. Un estudio hecho por nuestra ONG muestra que alrededor del 70 por ciento de las mujeres argentinas no puede conseguir la ropa que quiere comprar en su talle. Esta realidad es aún peor para las mujeres adolescentes y jóvenes, una situación que está contribuyendo a una crisis nacional en materia de salud. En la carta abierta pedimos la creación de una legislación que se centra en la implementación de un sistema de talles coherente para que comprar una prenda de ropa sea casi tan fácil como comprar un par de zapatos y para que los talles sean los mismos a lo largo y a lo ancho del país”.
Altschul se pregunta: “¿Por qué los fabricantes de ropa se niegan a acatar la reglamentación, pese a que algunos inspectores labraron en la provincia de Buenos Aires actas de infracción? Las marcas diseñan para un solo target: la ‘mujer ideal’, prefieren fabricar pocos talles, entre el 38 y el 42, para que sus modelos ‘luzcan’. Tampoco se cumple con el etiquetado según la norma IRAM 75.310, que dispone como talles obligatorios desde el 38 al 48, suprimiéndose las definiciones S, M, L y XL, o su equivalente 1, 2 y 3. Muchas empresas alegan problemas económicos para cumplir con la ley. Sus argumentos plantean que les resulta más caro fabricar talles grandes, que se desvirtúan sus diseños, que no hay en el país una moldería para esas proporciones, que es muy difícil unificar los talles por no existir un análisis antropométrico de la mujer argentina. Sin embargo, las marcas que confeccionan talles grandes dicen que los problemas económicos no son reales, que unos pocos centímetros de tela no tienen incidencia significativa”.
La ley de talles propone que todas las mujeres puedan vestirse sin sentirse expulsadas de un modelo corporal que las rechaza. Pero no se trata de glorificar el sobrepeso, sino –todo lo contrario– de no fomentar las dietas extremas que terminan generando el efecto rebote después de las penurias por restricciones extremas. “El mes de enero es una de las peores épocas del año para problemas de autoimagen para toda la gente, pero especialmente para las jóvenes. No sólo existe la presión para lucir en una malla o con muy poca ropa cuando sube la temperatura, además está la tradición de tener que perder peso y/o ‘arreglar’ una parte del cuerpo para el nuevo año. Y si no querés ‘mejorar’ tu cuerpo sos rara. Los estudios muestran claramente que las dietas no funcionan y, en la mayoría de los casos, la gente termina pesando más que antes de intentar adelgazar. Las dietas no sólo traen obesidad, sino también trastornos alimentarios, depresión y ansiedad”, enumera Haywood.
Ella también desmiente que el pedido de una ley de talles vaya en contra de la industria de la moda. No se trata de arruinar el diseño de indumentaria, sino de ampliar sus horizontes: “Lo fashion es para divertirse, expresarse y también para sentir una pertenencia dentro de la sociedad.... no es para sufrir. Entiendo que las marcas no son entidades altruistas, pero sería un gran paso adelante que se dieran cuenta de que hay otras maneras ‘cool’ de vender su ropa que pueden significar muchas mas ganancias y una clientela fiel”.
Silvia Zubiri, directora de la Fundación Avon, también destaca: “Si bien hablamos de modas, el acceso para todas las personas de elegir la indumentaria que más le gusta usar es parte del concepto de inclusión, diversidad y pluralidad, afianzando los derechos humanos y dando valor a las personas como sujetos y no como objetos, teniendo como meta principal la salud física y mental que, muchas veces, se deteriora en busca de un supuesto cuerpo perfecto. La hostilidad de la moda no pasa únicamente por no encontrar la prenda que se busca en el talle de cada uno, sino que supone que las personas deban ir contra la naturaleza de su propio cuerpo, provocando, en muchas oportunidades, desórdenes alimentarios que pueden llevar a enfermedades físicas y mentales”.
Aunque una de las dificultades de hablar del cuerpo es hablar desde el propio cuerpo. Mirarse el ombligo, en este caso, no es un acto de egoísmo, sino un desafío. No se trata sólo de pedirles a los demás que ensanchen las telas, sino de una misma aceptar los cambios o las geografías que trae la vida, bancarse ese defecto (como dice Charly García) o, simplemente, aceptarse con hidalguía. AnyBody Argentina les propone a las mujeres que se independicen de: los kilitos de “más”, las etiquetas corporales, el número de la balanza, tratar de encajar en un ideal imposible, las dietas constantes y el odio corporal.
LA VIOLENCIA INTERMINABLE
La muerte tras doce días agónicos de la joven violada y torturada por seis hombres a bordo de un autobús en la India obliga al gobierno local y a los organismos internacionales a adoptar políticas urgentes de reparación de derechos de las mujeres en esa región, donde los matrimonios infantiles, las violaciones colectivas y la violencia intrafamiliar son ejes de la tragedia cotidiana.
Amanat”, en lengua urdu, uno de los veintitrés idiomas de la India, significa “tesoro”. Sólo por esta vez, como una prolongación de ese don invaluable, “Amanat” se cristalizó en “Hija de India”, desde la violación colectiva que una joven sufrió el 16 de diciembre y a través de la indignación nacional que significó su agonía y muerte en un hospital de Singapur, doce días después. El mundo entero recién parece desperezarse sobre la violencia enquistada que padecen niñas, mujeres y adolescentes en ese país. Las marchas masivas de condena al ataque de seis hombres, entre ellos un menor, a la chica de 23 años y a su amigo en un autobús que durante el día es rentado para estudiantes en un barrio de Nueva Delhi, obligaron a salir al ruedo al gobierno nacional “para que mujeres y niños se conviertan en la principal prioridad”. Lo dijo el ministro de Defensa, A. K. Antony, el mismo que declaró una base de ovnis en el Himalaya, y lo replicó la jefa de Gobierno de Nueva Delhi, Sheila Dikshit, en una movilización que impulsó esta semana bajo la consigna “Marcha por la dignidad de las mujeres”. La Alta Comisionada para Derechos Humanos de Naciones Unidas (Acnudh), Navi Pillay, espera que el caso marque “un punto de inflexión” en el tratamiento de la violencia contra las mujeres. El lunes advirtió que “el pueblo está exigiendo una transformación de los sistemas que discriminan a las mujeres, a una cultura que respete su dignidad en la legislación y en la práctica”. El de Amanat fue el último de una serie de casos de violaciones colectivas que comenzaron a exigir respuestas al debate político. Según datos de la Oficina Nacional de Registro de Crímenes, cada 20 minutos una mujer es violada en la India, pero sólo en uno de cada cuatro casos el violador es condenado, debido a la “inmensa corrupción” presente en la fuerza policial. En las últimas cuatro décadas, los abusos sexuales aumentaron casi un 875 por ciento. Sólo en 2011 ocurrieron 24.206 violaciones.
A las 11.15 de la noche del viernes 28 de diciembre de 2012, las autoridades del hospital Mount Elizabeth, de Singapur, comunicaron el fallecimiento de la joven india violada por un grupo de hombres en un autobús, con complicidad del conductor. Tras ser golpeada, violada, vejada con una barra de hierro y torturada, los agresores, que le reprocharon su conducta “liberal” por el hecho de salir cuando baja el sol y viajar en un transporte público, la arrojaron desnuda sobre la ruta e intentaron arrollarla con el vehículo, pero fue rescatada por su amigo, que también sufrió el ataque. Su tragedia se convirtió en el nuevo símbolo de resistencia de las mujeres indias, víctimas principales del segundo país más poblado del planeta.
En octubre último, una adolescente de 16 años se inmoló después de sufrir una violación colectiva en Haryana. Dos policías del estado de Pendjab permanecen detenidos, acusados de retrasar la investigación por la violación colectiva de otra adolescente de 18 años, el 13 de noviembre pasado, durante la celebración de un festival tradicional. La chica se suicidó el 23 de diciembre. Antes difundió un video en el que desde una habitación y con el rostro tapado por una tela morada decía: “Dos chicos me violaron. Hice mucho ruido pero nadie me escuchó. Había una mujer a la que supliqué ayuda, pero en vez de hacerlo ayudó a los violadores. Me dijeron que si decía algo me matarían y dañarían a mi familia”. La víctima intentó presentar la denuncia, pero los policías la acosaron, la sometieron a un interrogatorio, la presionaron para que retirara la denuncia y por último le dijeron que lo mejor que podía hacer era casarse con uno de sus violadores. El diario Times of India de la semana del 17 de diciembre informó que una tercera joven, víctima de una violación colectiva en la región de Uttar Pradesh, volvió a ser violada dos veces más por los policías que debían tomar su denuncia. La joven envió una carta abierta al ministro del Interior, que se publicó en el diario, donde reclama con desesperación que el Estado abandone su desidia.
Un estudio de la Fundación Thomson Reuters de junio de 2012 concluye que la India y Arabia Saudita son las regiones donde las mujeres reciben el peor trato en aspectos relacionados con la educación, el acceso a la salud, las oportunidades de trabajo y la violencia. El periodista especializado en temas de género, Nicholas Kristof, ironiza que “India es muy pobre; Arabia Saudita es muy rico. Pero hay un elemento común y es que a menos que tenga algún tipo de acceso especial a los privilegios, usted tiene un futuro muy diferente, dependiendo de si tiene un cromosoma X adicional o un cromosoma Y”. El trabajo de ese organismo resume que la situación en India es “deplorable” por la persistencia de prácticas como el matrimonio infantil, el infanticio y la esclavitud. Más del 44,5 por ciento de las mujeres se casan antes de los 18 años y durante 2010 se produjeron 56.000 muertes maternas.
En este lugar del mundo las mujeres víctimas de violación siguen siendo sometidas a exámenes humillantes de médicos policiales, pese a que una enmienda de 2003 los prohíbe por su carácter inmoral, reveló la activista Aruna Kashyap, de Human Rights Watch India. Por caso, persiste la práctica de “la prueba del dedo”, que determina si la víctima de violación es “activa sexualmente” o, como formulan los forenses, “acostumbrada al contacto sexual”. El examen consiste en que un médico realice un examen táctil con uno o dos dedos en la vagina de la mujer violada, para determinar la presencia del himen y probar la elasticidad vaginal. Si puede introducir dos dedos, concluirá que la víctima tiene una “sexualidad activa”. Amanat fue condenada por estereotipos culturales arraigados en machismos recalcitrantes teñidos de mística religiosa. Es una más entre miles. “Las tachan de mujeres licenciosas”, manifestó Kashyap. “Y eso es una consecuencia seria y peligrosa” para las mujeres víctimas. “Ya existen muchos estereotipos y generalmente las víctimas ya son tratadas con bastante recelo, tanto por los médicos y la policía como por los jueces. Si se comienza a ponerles una etiqueta, se las puede dañar seriamente.”
VIOLENCIA DE GENERO
Miguel Angel López degolló a su ex pareja, Nélida Bustos, que lo había dejado hace dos meses, y a la niña Evelyn, de 10 años, hija de la mujer. Luego apareció ahorcado con un alambre, a 20 kilómetros del lugar.
Nélida Rosana Bustos, de 34 años, murió luego de ser degollada por su ex pareja mientras dormía en su modesta vivienda de la ciudad bonaerense de Lincoln; su hija Evelyn, de 10, falleció minutos después, desangrada, pidiendo auxilio en la calle. Miguel Angel López, el agresor, estuvo prófugo por la mañana y por la tarde fue hallado ahorcado de un árbol, cerca de una localidad vecina del mismo partido. El comisario local, Roberto Peralta, señaló que López había sido denunciado por su anterior esposa por maltratos físicos “y otro tipo de artimañas, la molestaba en su domicilio y lugar de trabajo”. Por la tarde, fuentes policiales confirmaron que eran dos, en total, las ex parejas que lo habían denunciado por violencia intrafamiliar. Bustos no lo había hecho, dijeron.
Según informó la policía, el ataque fue perpetrado cerca de la 1, en la calle Cerro Catedral 160, en el barrio Las Lomas, un complejo de viviendas sociales a 20 cuadras del centro. Esa casa fue adquirida por la víctima y su esposo, quien había fallecido electrocutado hace más dos años, y con quien tuvo dos hijos: Evelyn y su hermano, de 13 años, sobreviviente del ataque. Este joven, en estado de shock, dijo a los policías que el atacante fue la ex pareja de su madre, quien ya les había dicho cuando se fue de la casa que los iba a matar. Fue el hijo de la víctima quien puso a salvo a Irina, su media hermana de seis meses.
Evelyn también escapó pero con profundas heridas en la zona del cuello. Intentó ir hasta la casa de su tía, a dos cuadras, y se desvaneció en la calle. Murió arriba de una ambulancia, según fuentes policiales, camino al hospital local. Su hermano debió ser atendido y contenido por su estado nervioso. En la vivienda no se encontró el arma homicida, solo el cadáver de la mujer en la cama matrimonial. “Actuó sin ningún tipo de planificación previa, más allá del conocimiento que tenía de la casa porque había vivido ahí”, dijo un investigador.
Las fotos difundidas del agresor lo muestran sentado en un rincón junto a su beba, que acababa de tener con Bustos, de quien se separó dos meses atrás. Al mediodía, una fuente policial contó a Página/12 que era difícil que pudiera escapar muy lejos. “No tiene plata ni auto. Tiene una bicicleta pero la dejó en su casa. Estamos buscando en los 10 pueblos que rodean a Lincoln”, dijo. Por entonces ya se había sumado a la búsqueda requerida por el fiscal 3 de Junín, Carlos Colimedaglia, la Dirección de Investigaciones de esa ciudad y su Jefatura Departamental.
Luego de buscar sin éxito también en los lugares que podía frecuentar el sospechoso, de 41 años, se dio aviso a las delegaciones de la Policía Bonaerense de las ciudades de Chivilcoy y General Villegas, por si había logrado tomar algún micro de larga distancia. Alrededor de las 18, su cuerpo apareció colgado con alambre de un árbol cerca de una tapera abandonada que pertenecía a un conocido suyo, a medio camino entre Lincoln y la localidad de Bayauca, a 20 kilómetros de la capital de ese partido. Las primeras pericias indican que se habría suicidado dos horas antes.
“Lo conozco desde hace 25 años por lo menos. Antes trabajaba cargando equipos de música. Era alguien introvertido, callado y laburante”, describió el intendente de Lincoln, Jorge Fernández, quien regresó por la tarde al pueblo, luego de asistir al entierro de un empleado municipal que se suicidó. “Venimos de tragedia en tragedia, pero ésta es una sociedad integrada, con espacios de contención psicológica, como ocurre en la biblioteca popular, pero esencialmente para chicos”, dijo el intendente kirchnerista, al recordar el caso de Tomás Dameno, asesinado por su padrastro Adalbero Cuello, en noviembre de 2011.
El intendente estimó que este tipo de crímenes “suceden en todos los estratos sociales porque tienen que ver con cuestiones que pasan puertas adentro”. Sin embargo, agregó, la existencia de denuncias previas de otras ex parejas de López ponen en cuestión “los funcionamientos de las estructuras judiciales”. Por su parte, el comisario de Lincoln, Roberto Peralta, estimó: “Nosotros no tenemos comisaría de la mujer pero les damos la importancia a las denuncias que les tenemos que dar, vemos la problemática en carne propia en situaciones inentendibles como ésta”.
Poco trascendió ayer sobre la vida de las víctimas, más allá de los mensajes de Twitter por el año que empieza. Bustos había enviudado y rehecho su vida sentimental con López, quien además de cargar equipos, arreglaba computadoras y hacía instalaciones eléctricas. Las denuncias previas sobre él se tramitaron en comisarías y algunas llegaron a un juzgado de paz, se informó oficialmente. Fuentes del caso no descartaron que haya habido un especie de “efecto contagio”, tras la reciente condena a prisión perpetua contra Cuello.
Los motivos del ataque aún son materia de investigación, y las denuncias previas por acoso también deberían serlo.
martes, 18 de diciembre de 2012
VIOLENCIA DOMESTICA
“En lo que va del año se recibieron más de 10 mil llamados de mujeres solicitando ayuda por la problemática de violencia de género a la línea 0800-666-8537”, declaró la ministra de Desarrollo Social porteña, Carolina Stanley. En la Capital cada vez había menos llamadas al 0800 local, pero no por una mejoría en la problemática sino por la falta de difusión del número de ayuda. La funcionaria aseguró que, ahora, “se duplicaron las consultas por los noviazgos violentos, que es una manera de prevenir la problemática de violencia”.
En otro intento del Gobierno de la Ciudad para reforzar su línea de ayuda gratuita, se pidió la colaboración de figuras fashion poco identificadas con la temática como Mabby Autino (maquilladora), Flor Torrente (modelo), Dolores Barreiro (modelo y diseñadora), Belén Ortega (blogger), Cintia Garrido (modelo) y Connie Ansaldi (conductora). La agencia La Despensa Buenos Aires, con la colaboración de Tienda Doña, Building Motion Ideas, Dirección de Arte Pascual & Carbó y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires presentan la campaña contra la violencia de género: “No ocultemos el maltrato”. La polémica estuvo en que se trató como una moda dejar de ocultar los moretones para atreverse a hacer la denuncia. Y el acierto es poner la violencia machista en voces no tradicionales y llegar a mujeres de todas las clases sociales.
Mientras que el Movimiento Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLa) lanzó la campaña “Ponete la camiseta contra la violencia hacia las mujeres”, algunas de las personalidades que se sumaron y se han puesto la camiseta fueron los actores Germán Palacios, Tomás Fonzi y Nicolás Pauls; las actrices Dolores Fonzi, Julieta Cardinali, Marina Glezer y Julieta Díaz; la banda de rock uruguaya No Te Va Gustar, la esgrimista Belén Pérez Maurice y la conductora Carla Conte.
FEMINICIDIO
La ley que prevé la pena de reclusión perpetua para homicidios motivados por la condición de género comenzó a regir hoy con su publicación en el Boletín Oficial.
Se trata de la Ley 26.791, aprobada el 14 de noviembre pasado por la Cámara de Diputados, que incorpora modificaciones a distintos incisos del artículo 80 del Código Penal con el objetivo de agravar las penas para casos de femicidio o de asesinatos cometidos por violencia de género.
La Cámara baja apróbó de forma unánime el texto de la iniciativa que el cuerpo había votado en abril, con lo cual la condición de género quedó incorporada como agravante del delito de homicidio en el artículo 80 del Código Penal.
Con la publicación de la nueva ley en el Boletín Oficial, a partir de hoy, podrán recibir reclusión perpetua quienes cometan femicidios y quedarán descartados el uso de atenuantes cuando el hombre tenga antecedentes por violencia.
El texto de la norma señala que "se impondrá reclusión perpetua o prisión perpetua" a quienes asesinen a "su ascendiente, descendiente, cónyuge, ex cónyuge, o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no convivencia".
También a quienes cometan el delito de homicidio por razones de "placer, codicia, odio racial, religioso, de género o a la orientación sexual, identidad de género o su expresión".
Además, la ley prevé que, "cuando mediaren circunstancias extraordinarias de atenuación, el juez podrá aplicar prisión o reclusión de 8 a 25 años", pero sostiene que "esto no será aplicable a quien anteriormente hubiera realizado actos de violencia contra la mujer víctima".
VIOLENCIA DE GENERO
En lo que va del año, sólo en la Asociación Civil “La Casa del Encuentro” brindaron asistencia a un promedio de cien mujeres por mes. “En el primer semestre de 2011 registramos 151 femicidios. No hay estadísticas oficiales, nosotros hacemos un relevamiento en las noticias publicadas en 120 medios de todo el país y agencias de noticias”, dice Fabiana Túñez, cofundadora de la Casa del Encuentro.
Túñez explica que la violencia hacia las mujeres no son hechos aislados: “Es un fenómeno social y cultural. La violencia extrema es el femicidio. La falta de capacitación de algunos jueces lleva a dictar sentencias aterradoras”.
Para Haydeé Birgin, presidenta del Equipo Interamericano de Justicia y Género (ELA), el primer problema es la falta de datos estadísticos oficiales para poder tener una dimensión más específica de la violencia contra las mujeres. “Los que circulan son los números de las ONGs, que los sacan de las publicaciones en los diarios. En la Capital, ni siquiera hay comisarías de la mujer”, dice a Clarín.
En septiembre de 2008 se creó la Oficina de Violencia Doméstica, en el ámbito de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Sus estadísticas –las únicas oficiales, y sólo de la Ciudad– son alarmantes: en dos años, el promedio de denuncias por violencia doméstica creció un 35%; en septiembre de 2009 habían atendido 522 casos, y en septiembre de 2011 fueron 708. “Hay más conciencia sobre la violencia contra las mujeres gracias a la visibilidad que se da en los medios”, dice Birgin. Pero por otra parte señala que “no funciona la articulación interinstitucional, entonces la justicia resuelve, pero luego no hay un seguimiento de los casos”.
Hombres y mujeres no son tratados igual por los jueces en los casos de homicidios conyugales o de pareja. Esa es una de las conclusiones a la que llegaron la socióloga Silvia Chejter, del Centro de Encuentros, Cultura y Mujer, y la abogada Marcela Rodríguez, del Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas, quienes hicieron una investigación financiada por la UNIFEM.
Analizaron 144 sentencias, con mujeres y hombres imputados de homicidios o tentativas de homicidio; 102 fallos fueron dictados por los 30 tribunales de la Capital entre 1993 y 2010: “Si bien hay más condenas contra varones, la tendencia se invierte a la hora de valorar la pena: a los hombres se los beneficia con más atenuantes”, explicó Chejter a Clarín en julio pasado, cuando se presentó el informe. Las investigadoras repararon también en que de 25 sentencias con varones imputados por homicidio de sus cónyuges, sólo en cuatro casos los jueces los condenaron a prisión perpetua. En cambio, en 11 casos con mujeres imputadas, en cinco las sentenciaron a la máxima pena.
Malena Nisman, del Colectivo de Mujeres Juana Azurduy, explica que “hubo un efecto cadena luego del asesinato de Wanda Taddei. Analizamos este fenómeno como una nueva forma de impunidad y esta manera de matar y no deja huellas en la víctima. En el 95% de los casos las víctimas son mujeres o niñas. Es importante que existan estadísticas oficiales. Es difícil abordar un problema si no hay números concretos”, dice.
Para Nisman, debería existir un abordaje integral de la violencia; según cuenta “en el presupuesto nacional de 2010, al Consejo Nacional de las Mujeres se le asignó el 0,0029% ”.
MACHISMO Y OTRAS VERGUENZAS
Una mujer asesinada a manos de un hombre, su pareja; un tribunal que establece una condena de 17 años de cárcel para el asesino; una apelación y un resultado, cuanto menos, llamativo: otro tribunal reduce esa pena a 10 años y 3 meses alegando, en principio, “atenuantes” para la conducta del hombre.
De acuerdo con sus dichos (los únicos dichos posibles, por otra parte, ya que no había testigos de la escena, y la mujer está muerta) ella, viéndolo llorar, habría hecho alusión a su poca hombría y, supuestamente, habría admitido tener un amante, jactándose de ello. La provocación, en apariencia, sería el argumento por el cual se reduce la condena del confeso asesino.
No se pretende acá discutir cuestiones legales ni mucho menos. Se trata, en todo caso, de echar una mirada- más cerca del sentido común que del Derecho, por cierto- a las limitaciones que a veces tiene la ley frente a la complejidad de los conflictos humanos. El argumento del acusado -que remite a otra frase de triste memoria, aquella de “Conchita, podá la parra”, esgrimida por el odontólogo Barreda como disparador y atenuante del crimen de sus dos hijas, su mujer y su suegra- no puede ser confrontado, ni contrastado, con nada ni con nadie. ¿Y si la pretendida humillación jamás existió? ¿Y si la supuesta admisión del adulterio no fue en realidad en tono de provocación sino de confesión cargada de culpa? Y, aun si los dichos del hombre fueran ciertos, ¿una chicana verbal hace menos horrendo, y condenable, el asesinato de una mujer? ¿No parecería remitir eso también a otra frase de triste memoria, aquélla del “algo habrán hecho”? La violencia de género es, según las estadísticas, la principal causa de muerte o invalidez en mujeres de entre 15 y 44 años. En 2010 se registraron en Argentina 260 femicidios -tal el nombre que se da a este tipo de asesinatos- y se sabe ya que el porcentaje será mayor este año. Las bajas penas, o la mirada benevolente o cómplice que muchas veces se derrama sobre los asesinos, producto de un machismo que goza todavía de muy buena salud, sólo ayudan a perpetuar esa vergüenza.
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